9 comentarios el “LA FINCA Y LAS LAGARTIJAS ………………………………………………….

  1. Hola. Yo viví en la calle José Mª Hernánsaez y en aquella época era una calle sin salida porque estaba el muro de la finca tapando la futura calle. Muro que tal y como comentas en “episodios” anteriores nos dedicábamos a ir derribando poco a poco todos los niños de la zona. También recuerdo que nos colábamos dentro de la finca y que había una casa en ruinas y dos palmeras muy grandes delante de la casa.

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    • Yo también vivía en José Mª Hernansáez, esquina Los Caídos, en el edificio alto de Claudio San Martín.. En aquellos tiempos se llamaba Monte das Moas. Y es cierto, al final de las casas de Claudio Sanmartín estaba ya el muro. Y si la memoria no me falla, el último bajo de esas casas estaba abierto, no tenía tabiques, y atravesábamos por debajo de la última casa.
      otra cosa que me está llamando la atención, es que a esa finca rodeada por el muro, es a la que llamábamos la huerta del moro. Lo que aquí citáis como el campo del moro, lo llamábamos el campo de los surcos (pues en su día fué un sembrado de patatas) y allí llegó a jugar el Atlético Los Castros.

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      • A mí de toda la historia del “Campo del Moro” (que es como quería llamar en principio a este blog) lo que me llama la atención es cómo se esfumó en la niebla de los tiempos ese nombre. Y, sin embargo, por tu artículo y las declaraciones de otras personas, resulta que hace unas décadas esa palabra “moro” parecía impregnar el barrio. De ello saco la conclusión de que esas acepciones estaban vinculadas al “poder” de la gigantesca finca y chalet de la familia González Moro en Os Castros, de manera que al irse la familia de ahí su influencia desapareció.

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  2. Creo que estáis equivocados. La finca “del Moro” era la de una casona que había entre la avenida de Los Caídos, la glorieta de Los Castros y la calle de la Merced. O sea, el edificio Trébol y su trasera que es la primera casa de la Merced a mano derecha entrando por Los Caídos. La del Moro la tiraron antes de que pudiéramos entrar a La Finca.
    Yo también soy del 64, vivía en las casas más viejas de la calle (camino) Monte das Moas y estudié en el Ángel de La Guarda. Mi madre vivió en Monte das Moas (ya en la parte nueva) hasta hace cuatro años (mi padre murió unos años antes) y he seguido visitando el barrio.
    Soy Cambón, compañero de José Carlos Alonso en el colegio. Aprovecho para saludarte (qué alegría saber de ti).
    De La Finca yo también tengo muy buenos recuerdos. Yo estaba en una pandilla en la que estaba un chaval que tenía las llaves (los dueños se las dejaron tras su marcha), unos meses antes de que la abrieran al público y empezáramos a derribar la muralla. El chaval era el hijo del dueño de un bar que estaba enfrente del de Edelmiro (pegado al colegio). Esa pandilla la pudimos disfrutar en exclusiva durante eses meses (tal vez solo unas semanas). Fue en 1976. En el verano, coincidiendo con las Olimpiadas de Montreal ya abrieron el portalón para todo el mundo. Lo recuerdo porque en la pandilla organizamos nuestra propia olimpiada dentro de La Finca. Una época muy feliz para mí.

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    • Un saludo Cambón. Hacía “eones” de tiempo que no sabíamos uno de otro. Recuerdo que la última vez que nos vimos estaba yo haciendo dedo para volver a Coruña de no sé dónde. El lugar era la Nacional VI cerca de Guitiriz. A lo que voy. En mi infancia hay un concepto clarísimo que era “el campo del moro” y este lugar era, ni más ni menos, la “explanada” (un poco inclinada) donde se jugaba al fútbol. Es el lugar que hoy ocupa el instituto Monte das Moas. Para mí esa acepción se extendía un poco más allá del propio terreno de jugar al fútbol, por los aledaños descampados donde jugábamos los más pequeños a cualquier otra cosa oteados por nuestros mayores. Por supuesto que estaba la “finca”, “cerrado” o como lo quieras llamar del chalet de la familia Moro enfrente de la actual glorieta de Os Castros pero, curiosamente, de pequeño yo no tuve la más mínima constancia (al menos recuerdo) de ese lugar. Desapareció muy rápido para dar paso a bloques de edificios. Con lo cual tenemos dos lugares distintos en cuya denominación figura la palabra “moro”. Te sugiero veas la entrada de este mismo blog: “Meriendas en el campo del moro”. Creo que te aportará más información al respecto. Y otra cosa (…proselitismo….) ahora trabajo con un grupo de personas que busca recuperar memorias y fisonomías del barrio décadas atrás para lo que nos resultan muy útiles las fotos de los álbumes familiares. Puede uno pensar que no tiene fotos que se hiciesen al entorno porque, cuando eramos niños, cada una valía un potosí pero, en ocasiones, alrededor de la gente que es motivo de la foto pueden aparecer los paisajes y rincones del barrio que hoy ya no están de esa guisa. Te sugiero tengas una jornada “melancólica” y mires fotos de tu pasado (o del de tu familia) escudriñando qué se ve en ellas. En particular te diré que más que el chalet de la familia Moro (del que hemos conseguido alguna vista) lo que interesa a la memoria del barrio son las ruinas del chalecito sobre el que se asienta la actual oficina de correos. A ellas acudíamos a jugar los críos a la salida del colegio en montones. Esas ruinas están mucho más grabadas en nuestra infancia que la ostentosa casa de Os Castros. El objetivo de esta recopilación de material es llegar a crear una gran exposición en el centro cívico de San Diego. Gracias por atender la largura de esta perorata.

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      • Sí, lo de las fotos ya lo había pensado y voy a buscar a ver qué puedo recuperar. Lo de la finca del moro puede ser que se lo llamarais los de la “zona de arriba” de Monte das Moas (Castrillón).
        Mi padre nació en el nº 28 de la calle Monte das Moas en 1931 y toda su vida vivió en esa calle (en tres casas diferentes) y nunca le llamó a ese espacio campo del Moro; tampoco nadie del núcleo original de Monte das Moas (nº 24 a 34). Yo viví allí desde que nací hasta los 33 años y me relacionaba con gente de allí. Los compañeros del colegio (Raúl, Regueiro, Kiko, Carballeira, los Orgeira, etc.) tampoco le llamaban así y era nuestra zona habitual de juegos, sobre todo los partidos de fútbol.
        Es posible que ocurra como con el campo de Pirelli. Es cierto que los chavales de fuera le llamaban así por el famoso anuncio (he visto la foto y me parece increíble), pero los chavales del barrio le llamábamos “campo de Lon”. Curiosamente algunos mayores del barrio nos decían “Ise campo nunca foi de Lon”. Supongo que con lo del Moro pasará parecido, tendrá nombre diferentes según para quién.
        Estamos en contacto. Un abrazo.

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  3. Yo soy del 59, por lo que recuerdo perfectamente tanto la casa con su cierre de piedra y sus árboles, a la que se refiere Camión, como la finca amurallada donde se encuentra hoy el centro de salud. A ambas propiedades, luego separadas por la Av de Los Caídos, las conocíamos con el nombre de la finca del moro. Lo que estaba fuera de la muralla, como el patatal donde se jugaba al fútbol, ya era ajeno a la denominación del moro.

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